Conocé el recorrido de cada pieza: desde que es un bloque de arcilla hasta que llega a tus manos para habitar tus espacios.
Todo empieza en el barro. Amasamos la arcilla a mano para sacarle cualquier burbuja de aire y unificar la textura. Es el paso fundamental para que la pieza no se quiebre en el futuro.
Ya sea en el torno alfarero o mediante construcción manual, acá es donde la pieza toma su forma. Trabajamos con líneas orgánicas, buscando que cada objeto tenga su propia personalidad.
El barro manda y tiene sus propios tiempos. La pieza debe secarse al aire libre y a temperatura ambiente de forma lenta (a veces semanas) para perder toda la humedad antes de entrar al horno.
Las piezas entran por primera vez al horno superando los 1000°C. En este fuego, la arcilla cambia su composición química para siempre y se transforma en cerámica (bizcocho).
Aplicamos esmaltes formulados para dar color, textura y protección. Cada esmalte reacciona distinto, lo que hace que los tonos y los acabados de cada tanda sean verdaderamente únicos.
Un segundo paso por el fuego, esta vez a mayor temperatura. El esmalte se funde, vitrifica y sella la cerámica, volviéndola resistente, apta para el uso diario y segura para alimentos.
Una vez frías y pulidas, preparamos las piezas con embalaje seguro y sustentable para que viajen intactas. Están listas para convertirse en el centro de tu próximo ritual.